Holguín Moreno es un empresario de 24 años que vive en medio de una carretera que conecta dos municipios lejanos en Chumbivilcas, Cusco. Hace tres años, se llevó a su familia, a su joven esposa y a su hija de dos años, a vivir en medio de la nada porque encontró una oportunidad para emprender: la piscicultura. Criar peces y venderlos comercialmente no era algo de lo que fuera un experto, pero con la ayuda del Fondo CISAL, fortaleció sus capacidades y su negocio y ahora vende truchas a dos regiones del Cusco: Chumbivilcas y Apurimac.

Este proyecto familiar involucra a su madre, hermanos y hermanas. Tres años después de que comenzaron, el negocio está empezando a prosperar. “Es el mejor tipo de negocio porque nos aseguramos comida en la mesa, pero también, con las ganancias de nuestro negocio, pagaremos la educación de nuestra hija. También reinvertimos parte de las ganancias en agrandar nuestro negocio. Recientemente hemos empleado entre cinco a seis trabajadores de la zona.”

A pesar de que la gente le dijo que estaba loco por iniciar un negocio en la mitad de la nada, Holguín lo veía como una oportunidad. Con el Fondo CISAL pudo ampliar sus cultivos y construir un restaurante donde ofrece almuerzos a los empleados de las empresas mineras cercanas. “Hay múltiples oportunidades para los jóvenes en las áreas rurales. No todas las oportunidades están en las grandes ciudades. Esto demuestra que aquí en el campo tenemos todo para ser felices «.